El desafío de refundar la Patria

Por Martín Zuleta, Abogado, Docente.

Hace un poco más de doscientos años atrás, el país comenzaba a dar los primeros pasos de una emancipación que se gestó lentamente en el corazón de un pueblo que fue tomando conciencia de su importancia y de su destino sobre todo a partir de lo ocurrido con las invasiones inglesas. El monopolio dispuesto por España había alentado en el Río de la Plata el contrabando y otras prácticas comerciales que se desarrollaban al margen de las leyes de la metrópoli, y, en ese contexto, muchos sectores de la sociedad porteña llevaban años en contacto comercial con Inglaterra. Estos vínculos serían la razón de la infundada esperanza inglesa de apropiarse de Buenos Aires; esperanza sostenida por una falsa creencia de las élites porteñas que subestimaron el patriotismo de un pueblo que clamaba libertad.

De hecho los desaciertos de las políticas españolas, y la creciente disconformidad de los criollos con la autoridad real, fue anidando en el pueblo las ansias de una autoridad independiente y soberana despojada de toda subyugación. La “clase dirigente” no supo interpretar este sentimiento popular, siendo esto a tal punto que entre 1807 y 1810 se tejieron toda clase de intrigas y planes prescindiendo del verdadero sentir popular. Las invasiones inglesas, y fundamentalmente la reconquista de Buenos Aires y su posterior defensa, serían decisivas en la gesta patria de 1810, ya que a partir de allí se inicia en el Río de la Plata un claro proceso de desconocimiento de la autoridad real y la exigencia de una mayor autonomía en la toma de decisiones. Lo muestra a las claras el hecho de que el Virrey Sobremonte, que había abandonado Buenos Aires durante la primera invasión dejando al pueblo a expensas de los ingleses, no pudo retomar el poder luego de la reconquista y el pueblo de Buenos Aires reunido en cabildo decidió nombrar a Liniers en su reemplazo. Esta sería la primera manifestación clara de una independencia que ya se comenzaba a sentir en el corazón del pueblo.

Con el nombramiento de Liniers el pueblo daba claras muestras de entenderse depositario de la soberanía, y que las autoridades coloniales eran incapaces de tomar partido por los verdaderos intereses del pueblo. Esto no significó una ruptura inmediata con España, pero sin dudas fue el antecedente que preparó el camino de la gesta patria ya que el pueblo comprendió que era necesario tomar los asuntos en sus manos.

Los jóvenes ilustrados y las clases influyentes tampoco tuvieron la capacidad de ver inmediatamente esta conciencia nacional y sentimiento de independencia que existía en el corazón del pueblo. Prueba de ello fueron las grandes fiestas que se hicieron en Buenos Aires para agasajar a los ingleses y el juramento de fidelidad que por disposición de la autoridad invasora prestaron los empleados civiles, los eclesiásticos, los militares, funcionarios y hasta el Cabildo en pleno al Rey Jorge III de Inglaterra para conservar sus puestos y sus bienes.

Los invasores fueron bien recibidos por las clases acomodadas y por los criollos que servían como funcionarios a la corona española. Los jóvenes ilustrados provenían de esas familias. Hubo honrosas excepciones como la de Manuel Belgrano que, siendo Secretario del Consulado, no asiste al juramento. Al pueblo en cambio se le impuso un juramento voluntario que sólo fue prestado por cuarenta y ocho comerciantes que ya venían manteniendo vínculos con Inglaterra por medio del contrabando. El resto de la población se negó al juramento.

Producida la reconquista luego de cuarenta y seis días de ocupación británica, la clase ilustrada y dirigencial tampoco fue capaz de representar el sentir del pueblo, ya que se comenzaron a barajar una serie de posibilidades que nada tenían que ver con los intereses populares. “Los Ilustrados” no tenían en sus planes todavía la independencia, y sus ansias de libertad, igualdad y fraternidad las entendían en el contexto de ocupar los cargos públicos para llevar adelante esas reformas, pero cuando los acontecimientos que siguieron a la reconquista inclinaron la balanza hacia Liniers por el apoyo popular, comenzaron a idear una independencia puramente teórica que los llevara al poder con el apoyo de los ingleses o portugueses. Por ser “ilustrada”, se entendían como la única clase capacitada para gobernar y alcanzar la prosperidad de la que hablaban los libros que leían.

Así Belgrano se convertiría en el principal referente del “Carlotismo” y junto a otras figuras muy importantes -Juan José Castelli, Mariano Moreno, Juan José Paso, Hipólito Vyeites- emprendió gestiones para que la infanta Carlota, hija de Carlos IV y hermana de Fernando VII, esposa del rey de Portugal que se encontraba con su corte en Brasil exiliada a causa de la invasión napoleónica, gobernara en el Río de la Palta en representación de los reyes depuestos por Napoleón.

Otra parte de la dirigencia llamados “regalistas”, constituida por las jerarquías eclesiásticas, los funcionarios, parte de los oficiales veteranos y que contaban con el apoyo de las familias más cercanas a España, permanecerá firme en su idea de acatar todo lo que ordenara la metrópoli, y sería la que en los sucesos de mayo de 1810 estaría a favor de que se reconociera a Fernando VII como soberano.

El sentimiento popular que en definitiva se terminaría imponiendo a la fuerza el 25 de mayo de 1810 era el de establecer un gobierno independiente, y se comenzó a gestar en 1806 con la reconquista de Buenos Aires y el posterior nombramiento de Liniers -de origen francés- como Virrey provisorio gracias al apoyo del pueblo. Así comienza a formarse una conciencia nacional cimentada con el apoyo “de los comunes” que fueron los que resistieron la ocupación inglesa y las pretensiones de los ilustrados de imponer otros yugos al pueblo. El 25 de mayo es el día de la patria gracias a la dignidad del pueblo que supo imponerse a una clase dirigente siempre propensa a custodiar sus intereses.

Esta gran lección histórica que nos deja el pueblo argentino, es la que nos tiene que inspirar hoy a doscientos doce años de aquella maravillosa gesta para refundar la patria. Al igual que en aquellos días debemos tomar conciencia que la dirigencia política es incapaz de representar el verdadero sentimiento de un pueblo que lleva años esperando ver madurar a sus gobernantes. La sociedad esta fracturada por una dirigencia ensimismada que sólo custodia sus intereses. Se suceden los gobiernos, las crisis y vemos a una sociedad cada vez más dependiente y empobrecida, a quién el poder político poco a poco le ha ido adormeciendo la conciencia ciudadana, y a una dirigencia política que acumula poder y riquezas.

Debemos caer en la cuenta sobre la necesidad de realizar cambios radicales y de exigir las reformas que la clase política prometió y nunca llegaron. El poder del pueblo está neutralizado por una casta política que al igual que la de 1806 está dispuesta a jurar fidelidad a cualquiera que le asegure conservar sus privilegios, y así vemos con impotencia cómo la democracia ha quedado reducida a un mero formalismo. La democracia es una forma de vida y organización social por la que el interés del pueblo tiene primacía. Nuestra clase política nos ha acostumbrado a una democracia “ligth”, reducida a prestarle legitimidad formal por medio de las urnas cada cuatro años.

Bajo el paraguas de la democracia representativa, en donde el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes, la casta política logra imponer su voluntad y hacer uso y abuso de sus privilegios descuidando los intereses del pueblo. Tomar conciencia de esta realidad y recuperar el protagonismo perdido es la mejor manera de honrar la gesta patriótica. En 1810 nuestro pueblo, sin leyes ni constituciones que la establecieran, le dió vida a la democracia. Doscientos años más tarde con leyes y constituciones que la consagran, el pueblo la está perdiendo.

Feliz día de la Patria

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