“No San Juan”: El agro muere de sed y el gobierno duerme la siesta

A San Juan le ha reventado en la cara el drama de su falta de agua. En los últimos días y en los próximos se verán y escucharán todo tipo de excusas, imputaciones, apurones e improvisaciones. Fuegos cruzados de gobernantes, opositores y voces diversas que sirven para atacar y defender. Pero no para conseguir ya mismo, como exige la sed, el recurso líquido vital para que miles de árboles y plantas no mueran de pie.

En este caso, “tanto no fue el cántaro a la fuente que al final se rompió”. Las crónicas y los videos de la reciente reunión de autoridades hídricas y agricultores dan vergüenza y depresión. Es otra muestra cruel para desmentir a los grandilocuentes de las mega inversiones, mineras y de las otras, algunos de los cuales pretenden que por tener cuatro represas, tres sobre el río San Juan y una sobre el Jáchal, y una en construcción, pondrá a la provincia a salvo de la sequía inédita.

José Luis Gioja, ahora enrostra a su archienemigo Sergio Uñac en un viralizado audio lleno de palabrotas, la inacción y la impericia de la actual gestión. Y le pega en un costado bien visible de su gestión de Estado: la “festimanía” sanjuanina, una política de asignación de recursos que pone a la provincia en las grandes marquesinas con eventos, infraestructuras y realizaciones para la cultura y el deporte mientras, otra vez, los árboles y las plantas mueren de pie.

Sin embargo, tanto las administraciones de Gioja (que ya había comenzado en esa línea festivalera que tanto agrada a la ciudadanía) como la de Uñac,  a los efectos de la política hídrica son lo mismo. Los dos mandatarios, a su turno, han ninguneado al AGUA y sus urgentes demandas de soluciones. Lo que sí cambió de uno a otro fue que, a caballo de la sequía pertinaz, la estadística hoy es inocultable y está a las puertas de lo insoportable. Se ha hecho eco de la voz de  los núcleos empresarios de viñateros, por encima de las rencillas locales.

A sus críticas reiteradas a las autoridades de la Dirección de Hidráulica y otros organismos. No se entiende a esta altura por qué, o se sabe por qué y no se dice con todas las letras, cómo la burocracia no ha emprendido acciones contundentes sabiendo que esta primavera-verano podía ser mortal para miles de hectáreas bajo riego del agro sanjuanino.

La caliente reunión de las Juntas de Riego, con Hidráulica y la Secretaría del Agua (un órgano creado en la gestión Uñac que agregó burocracia pero no soluciones) es otra molécula decepcionante de un país que navega a deriva por  impericia, miopía y oscuridad de sus dirigentes.

La burocracia estatal no está sola en este viaje. Los que acompaña una sociedad que dialoga mucho por las redes pero no hace oir su preocupación como antaño. O no está preocupada por la suerte agrícola de San Juan: es la hipótesis B que sólo pueden responder estos 800.000 sanjuaninos del siglo XXI.

los extensos documentos multisectoriales del Gran Acuerdo San Juan, una iniciativa plausible de consensos estratégicos llevada a cabo en medio de la pandemia en 2020, tal lo dijimos aquí, el AGUA  sólo mereció 19 menciones. Sí, 19, algo no está bien si no hay conciencia de sed. O si ésta no se expresa en palabras fundamentales.

En los dos últimos años, en modo pandemia, este diario ha asistido a una docena de webinares sobre la mega sequía en San Juan. Algunos nos han sorprendido por lo rigurosos, con respecto a cuanta agua, nieves y hielos hay todavía en los acuíferos, montañas y glaciares de la provincia.

Otros han sido decepcionantes por elementales y repetitivos. Como aquellos que sólo buscan exculpar a la minería con la consabida cifra de que apenas consume un 3, 4 o 5% de la gran torta hídrica. No se trata de eso, sino de cómo puede este sector, que hoy es locomotora de la economía provincial, aportar know how y fondos para socorrer a la sequedad que amenaza con barrer el oasis de regadío que tanto costó contruir.

Hasta hemos escuchado algún mensaje ríspido de la dirigencia gremial minera que podría resumirse en “el agro es ineficaz por regar a manto, que se haga cargo”. Si esa es la tónica discursiva para los tiempos que vienen, se trata de un craso error de apreciación que tarde o temprano la minería pagará.

San Juan hace mucho que estaba avisada de esta sequía inédita y su dirigencia siguió durmiendo una larga siesta. Hace 12 años publicamos un brief del empresario Ricardo Martínez que proponía utilizar tributos de la minería en tecnificar las explotaciones agrícolas sanjuaninas y la red de riego en creciente decadencia. Se podía, por ejemplo, despriorizar el Túnel de Agua Negra a Chile, meta estratégica de los gobiernos de Gioja y Uñac.

Hace dos años, cuando el declive de los embalses Caracoles, Punta Negra y Ullum era inexorable,  los viñateros comenzaron a peticionar al gobierno que deje de cortar el agua de los canales e invirtiera ideas, acciones y recursos económicos y humanos en habilitar la red de baterías de pozos públicos de agua subterránea. En los últimos tiempos maduró una segunda opción: equipar y enchufar pozos privados a la red pública. NADA DE ESO SE PUSO EN MARCHA.

Peligra, dicen expertos, nada menos que una cuarta parte de la superficie de cultivos de San Juan, que ya perdió otra cuarta después del cenit de los 1990. El cultivo por riego en zonas áridas o semiáridas no es una Pampa Húmeda. Volver a poner en pie una hectárea de vides demanda una inversión de US$ 20.000/30.000 y esperar cinco años a que de frutos.

Obtener agua subterránea urgente demandaría unos 500 millones de pesos (US$ 5 millones) para que al menos una parte de los olivares, viñedos y frutales no se sequen de aquí a marzo. La extrema sequía ya barrió con un 50/70% de las plantaciones de melones del Sur sanjuanino. Lo mismo pasa con otras hortalizas. 

La provincia dice que no tiene recursos para enfrentar la sequía. Mejor dicho, no tiene previsto gastarlos en asistir al campo, porque hace unos días hubo, por ejemplo, una marketineada inversión en un partido de futbol internacional, este domingo hubo una carrera de autos en uno de sus dos autódromos y la semana pasada lanzó en Buenos Aires otra Vuelta a San Juan, bajo el lema “la más grande de Sudamérica”.

Antes de cerrar estas líneas llega a la redacción la información de que el gobierno sanjuanino, a raíz de esta crisis hídrica, prepara una ley de urgencia cuyos ribetes serían:

+ Se destinarán regalias mineras a impulsar el riego por goteo y la rehabilitación de pozos de agua subterránea.

+ El 20% de lo recaudado mensualmente de las regalias mineras que atrapa el gobierno provincial (el 55% del total tras el reparto a municipios y otros usos) serán destinados a proveer de riego por goteo al 100% de toda la provicincia de San Juan, para fincas cultivos de vid y otras de hasta 50 has. También para el arreglo arreglo de pozos, construcción de nuevos y recuperación e impermiabilización de canales que hoy pierden el 50% de su caudal en desbordes y filtraciones. 

+ Esta ley regiría desde 2022 hasta 2027 y el ente de contralor sera el Ministerio de la Producción. El proyecto sería ingresado a la Legislatura Provincial esta semana y sería publicitado como la concreción de una “alianza entre la minería y el agro”, dos sectores que siempre han cruzado lanzas a propósito del agua, su utilización y ahora de su escasez.

Más allá de las inevitables discusiones argentinas acerca de cómo y quien maneja y a quien beneficia el nuevo subsidio que tardó años largos en madurar, el gobierno de Sergio Uñac y los referentes de las llamadas “fuerzas vivas” deben articular ya mismo decisiones urgentes para regar ya, con agua subterránea, y para promover en la comunidad más conciencia por el recurso escaso.

Es hora de menos palabras, aplausos y fotos. Hay que terminar con la siesta y ponerse a trabajar. No se puede andar por el mundo batiendo el parche de grandes realizaciones e invitando a grandes capitales a explotar los minerales andinos cuando en los valles las plantas y los árboles mueren de pie.

Fuente: Editorial Mining Press -Director Daniel Bosque

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