Efemérides: 28 de agosto Día Nacional de la Ancianidad

Instaurado hace 70 años por el gobierno de Juan Domingo Perón luego del impulso recibido por parte de Eva Perón en el año 1948, y que un año más tarde sería anexado a la reforma de la constitución, incorporándose así los Derechos de la Ancianidad.

La asistencia, el cuidado y el esparcimiento de los ancianos se transformaron en derechos hace 70 años, cuando el 28 de agosto de 1948 Eva Perón proclamó estas garantías que formarían parte de la Constitución de 1949, evento que motivó a que se celebre hoy el Día Nacional de la Ancianidad.
Esta visión significó una serie de avances sociales, entre los que destacaba el derecho a la asistencia, que tiene como objetivo la protección integral del anciano por cuenta de su familia y, en caso de desamparo, por el Estado. 


“En caso de desamparo, corresponde al Estado proveer a dicha protección, ya sea en forma directa o por intermedio de los institutos o fundaciones creados, o que se crearen, con ese fin, sin perjuicio de subrogación del Estado o de dichos institutos para demandar a los familiares remisos y solventar los aportes correspondientes”, planteaba el decálogo.


Otros de los derechos destacados que se celebran con el Día de la Ancianidad son los relacionados con el de la vivienda, la alimentación, el vestido y el cuidado de la salud física y mental.  Además, el derecho de esparcimiento de los ancianos, como gozar de un mínimo de entrenamiento, al trabajo, la expansión y el respeto.

Llegar a viejo

(Joan Manuel Serrat)

Si se llevasen el miedo y nos dejasen lo bailado
para enfrentar el presente, si se llegase
entrenado y con ánimos suficientes.

Y después de darlo todo, en justa
correspondencia, todo estuviese pagado, y el
carnét de jubilado abriese todas las
Puertas.

Quizás llegar a viejo sería
más llevadero, más confortable, más duradero.

Si el ayer no se olvidase tan aprisa, si tuviesen más cuidado en dónde pisan. Si se viviese entre amigos
que, al menos, de vez en cuando pasasen una
pelota,

Si el cansancio y la derrota no supiesen tan amargo, si fuesen poniendo lucen en el camino a medida que el corazón se acobarda, y los ángeles de la guarda diesen señales de vida… …Sería más razonable, más apacible, más transitable.

Si la veteranía fuese un grado, si no se llegase
huérfano a ese trago. Si tuviese más ventajas y menos inconvenientes,

Si el alma se apasionase, el cuerpo se alborotase y las piernas respondiesen,

Y del pedazo de cielo reservado para cuando toca entregar el equipo, repartiesen
anticipos a los más necesitados…


Sería todo un progreso, un buen remate, un final con beso, en lugar de amontonarlos en la
historia convertidos en fantasmas con memoria.

Si no estuviese tan oscuro a la vuelta de la esquina.
O simplemente si todos, entendiésemos que
Todos llevamos un viejo encima.

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