A la hora señalada

Por Vanesa Téllez, Historiadora.

La hora crucial transcurría. El antiguo reloj del pueblo adquiría mayor dimensión a medida que se acercaba el desenlace de una espera de horas, semanas, años. Las 12:30 del mediodía, 21 de febrero de 1934, y dos autos esperaban en marcha frente a la Casa de Gobierno. Federico Cantoni salió de su despacho en compañía de sus habituales asistentes. El primer coche se puso en movimiento por General Acha hacia el Norte y un disparo cortó el cielo sanjuanino. Era la señal.


Federico Cantoni había asumido su segundo mandato como gobernador de la provincia en un momento que defería mucho de su primera experiencia. Las consecuencias de la crisis de 1929 comenzaban a repercutir en la economía de San Juan. La vitivinicultura estaba colapsada y las discordias entre los dos sectores políticos irreconciliables se agudizaron. Por un lado, la “chusma de la alpargata” y su fuerza de voto invencible, y por otro, los “conservadores” que representaban el aparato productivo de la provincia profundamente afectado por la crisis y las transformaciones cantonistas. El grupo opositor selló su postura con la conformación de una Junta Revolucionaria.


La revuelta se palpaba en el aire en un secreto a gritos. Esa mañana sobre las azoteas circundantes a la Plaza 25 numerosos francotiradores apuntaban a la Casa de Gobierno. Con la primera descarga, los autos oficiales intentaron la huida pero en menos de cincuenta metros fueron acribillados. El secretario privado del gobernador aun así logró sobrepasar la calle Laprida y decidió sacar del automóvil al Gobernador herido en la cabeza y una pierna. Caminando dificultosamente lo introdujo en la casa del médico opositor Alfredo Rodríguez Riveros para que lo asistiera.


Mientras, el combate con armas largas, cortas y bombas molotov hacía blanco sobre la Casa de Gobierno en la que había quedado Aldo Cantoni. Desesperadamente intentó comunicarse con la Policía y el Regimiento con asiento en Marquesado. Fue inútil. Los revolucionarios habían cortado todas las comunicaciones. Se hicieron barricadas en los accesos a la plaza. Se incendiaron automóviles y comercios. Los tiroteos se siguieron en diferentes puntos: las Comisarías Primera y Segunda, la Central de Policía, el Cuerpo de Bomberos, el Consejo de Educación y el Escuadrón de Seguridad.
Nueve horas después cuando todo se apaciguaba, el Regimiento entró en la ciudad para ocupar los cantones de combate. La decisión nacional, nuevamente, fue la intervención federal. Ninguno de los bandos había conseguido imponerse airadamente pero el gobierno estaba muerto. Federico Cantoni no volvería a ser gobernador pero tampoco regresarían las más de cuarenta vidas que quedaron truncas por defender ideales, líderes o simplemente porque de pronto se encontraron entre dos fuegos al cruzar la plaza de la Ciudad al mediodía de aquel caluroso miércoles 21 de febrero.

Vanesa Téllez
Historiadora

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