Libertad Lamarque y Eva Duarte fueron dos muñecas bravas

Audio programa de radio Menta y Cedrón, conducido por Hugo Cárdenas
Libertad Lamarque fue una de las más importantes cancionistas que nos dio el tango, pero además, una actriz exitosa y muy talentosa que el público elevó algrado de diva valorada así en toda América Latina.

Eva Duarte fue el paradigma de la mujer política y revolucionaria del siglo veinte, consagrada como santa por su pueblo convirtiéndola en un mito.

Ambas fueron muy capaces e inteligentes, orgullosas y con una fuerte carácter en sus personalidades.

Si bien los orígenes aparecen muy distintos—Libertad provenía de un hogar de buenos recursos económicos—, las dos se desarrollaron y crecieron, teniendo al tango como referencia.

La cantante con una carrera artística vertiginosa y ascendente en el ambiente tanguero; la joven pueblerina, por su amistad con Agustín Magaldi. A lo que habría que agregar la protección que le brindaran a su llegada a Buenos Aires, con el equipaje de su pobreza a cuestas, el músico Ángel D´Agostino y el crítico de teatro Edmundo Guibourg, amigo de Carlos Gardel.

Aseguran que no se conocieron durante la colecta organizada para recaudar fondos para las víctimas del terremoto de San Juan, en el año 1944. Sin dudas, el encuentro se produjo durante la filmación de la película La cabalgata del circo, dirigida por Mario Soficci. Lo cierto es que en el rodaje de la misma se produjo el famoso incidente entre las dos damas.

Los rumores de la época nos dan alguna de las tres versiones sobre la causa de la presunta pelea. Primero, que fue de naturaleza romántica, donde dos mujeres competían por los amores de un mismo hombre: el coronel Juan Perón. La propia Libertad fue concluyente en este punto, cuando comentando esta versión dijo: “El resultado fue que Eva y yo nos disputábamos los favores de Perón; tan solo pensarlo me dan escalofríos… ¡Quién podrá jamás rescatar del río toda el agua sucia de la calumnia!… Impunemente seguirá su curso… y así, una vez más triunfará la infamia”.

Hay otra versión que se podría considerar de tipo ideológico, que hace referencia al desprecio que tenía Libertad por la política, y sobre todo, por la política de masas que en ese momento desplegaba el coronel Perón desde su escritorio de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Siguiendo esta posibilidad, era lógico pensar que veía a Evita como una resultante de esa práctica, lo que es peor, una “acomodada”. En su autobiografía, la cantante repite con ironía: “Yo nunca me arrimé al sol que más calienta”.

Por último, la tercera versión, es la de la propia Libertad, que relata sobre la informalidad de Eva, quien siendo una actriz con un papel secundario en la película, llegaba siempre tarde o paralizaba el rodaje por motivos personales y sin importancia. Pero lo que más la mortificaba eran las permanentes justificaciones que tanto el productor como el director concedían a Evita, proporcionándole ambos un trato muy preferencial por ser la novia de Perón.

También Lamarque niega rotundamente la tan mentada cachetada a Eva y la atribuye a la perversidad de sus enemigos. Lo cierto es que la fantasía popular y los chismes propagados por las revistas promocionaron la anécdota, describiéndola como un hecho ocurrido durante la filmación de La cabalgata del circo.

Haciendo una parodia del eventual trompis, la cantante con gracia e ironía: “¡Le di la cachetada!… ¿Y la indefensa Eva, temblando de dolor… se llevó la mano a la cara? Y… díganme, ¿se quedó llorando? ¿Una mujer alta y fuerte, contra un tapón como soy yo? ¿Alguien puede aclararme este melodrama?”.

La verdad es que cuesta creer, conociendo a Evita, que se resigne a una agresión de estas características sin responder.

Lo que sí reconoce y confiesa es que la ofendió en dos oportunidades, cuando rechazó la oferta de invitarla a tomar el té, que la propia Evita había sugerido, a Soffici primero y a la hermana de Libertad después.

Fermín Chávez, en su libro Eva Perón en la historia, da otra visión de este embrollo: “En el curso de la filmación tuvo lugar un incidente entre Duarte y Lamarque que iba a ser agrandado por demás en boca de los enemigos de Evita. Se dijo que Libertad le había propinado una cachetada, lo que habría dado lugar a una enemistad indeleble. No es verdad; el propio Soffici se encargó de desinflar el globo en una entrevista periodística. Ocurrió que, un día, Evita llegó unos cuantos minutos tarde a la filmación y Libertad Lamarque, que era una profesional muy exigente y a la vez muy cumplidora en los horarios, le recriminó su atraso, al tiempo que le endilgaba un abuso propio de quien se sentía protegida por un alto funcionario. Evita se comió el reto sin chistar, pero después ocurrió algo que la Lamarque no había previsto: un día ella también se atrasó y esto alimentó la réplica de quien había sufrido aquella fuerte reprimenda. En la próxima jornada de filmación Evita se retrasó más de lo que Libertad había cometido. Y en las jornadas venideras se entabló una competencia para ver quien llegaba más tarde. La contienda solo tuvo fin cuando Soffici le pidió aHugo Del Carril que interviniera: “Hugo —le habría rogado— usted que es amigo de las dos ayúdem”. Y así pudo seguir con el trabajo del film, notablemente retrasado”.

Conclusión, el autoexilio de Libertad Lamarque a México, consagrada La novia de América, se produjo poco tiempo después y Evita, quien se convertiría en «La abanderada de los humildes», se casó con el coronel Perón, futuro presidente de la Argentina.

Extraído de Todo Tango (Escrito por Ricardo García Blaya

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